Más allá de las cicatrices.

26 diciembre, 2018 1 Por CelayaExt

Mi primera fractura fue mi brazo derecho, estaba corriendo en la primaria y me choqué con la pared (no a propósito) pero dolió y por un momento escuché como se quebraba, dolía moverlo, obviamente me puse a llorar y se armó el show aunque no era el primero ni el único que le pasaba eso, mucho menos en una escuela.

Mi mamá estaba muy preocupada y claro que me regaño muchísimo por el susto que le dí, la verdad es que yo estaba asustado pero me tranquilizaba ver a mi mamá, el doctor nos atendió, me mandaron unos estudios de rayos X , me pusieron mi yeso y fue cuestión de tiempo para que sanara.

No lo sabía en ese entonces pero ese había sido el principio de mi carrera.

Cuando era adolescente tenía esta idea de que había que ser “rudo” y no podía permitirme que me llamaran cobarde o algo por el estilo, me daba miedo que no me vieron como su igual así que nos retábamos a las tonterías más grandes y peligrosas que estaban a nuestro alcance.

Cosas como tirarnos de las escaleras, aventarnos en el pasillo y un montón de tonterías insensatas eran muy divertidas en su momento aunque nunca eran buenas ideas, muchas veces terminamos heridos y comencé a hacer sin querer una colección de cicatrices.

Me gustaba mucho la adrenalina así que comencé a investigar qué cosas podía practicar para eso sin arriesgar –demasiado- mi vida. Mi mamá cuando se enteró fue un rotundo “no” aunque eso no me detuvo ya que comencé a asistir a diferentes cosas a escondidas, estaba probando que me podría funcionar o que me gustaba más.

Para nuestra graduación decidimos ir a probar el Puenting, consiste en saltar del punto más alto del puente amarrado de los tobillos y el torso, éramos 10 al principio pero al final solo nos atrevimos mi amigo Roberto y yo, la sensación de saltar al vacío fue impresionante.

No sabría describir la emoción pero esos segundos duraron más, era como si por un momento yo estuviera flotando, me sentí muy libre sin mencionar la hermosa imagen que capturaron mis ojos en ese momento, luego regresé a la realidad con un estirón del elástico  de la cuerda.

Para mis amigos fue una buena experiencia pero para mí significó todo lo que quería y había buscado, a mi familia no le pareció que haya ido pero realmente no me importó mucho porque encontré eso que me hacía sentir, entonces hice una lista de cosas que quería probar, poco a poco las fui realizando.

Como todo en esta vida muchas veces es ensayo y error o simplemente a veces por el simple hecho de movernos vamos a salir lastimados, algunas veces dejarán cicatrices otras no durarán más de una semana pero prefiero mil veces seguir moviéndome aunque salga lastimado a engañarme a mí mismo y decir que quiero un trabajo de oficina.

He trabajado mucho en deportes extremos y honestamente creo que es algo que cada quien debe hacer por lo menos una vez en su vida, espero que les gusten mis anécdotas.